La mejor dieta es mediterránea, la mejor estrategia es personalizada

13/1/26

Laura Pérez Naharro

La pérdida de grasa continúa siendo uno de los principales motivos de consulta en nutrición clínica. Sin embargo, a pesar de la abundancia de enfoques dietéticos disponibles, la evidencia científica es clara y consistente: el patrón de dieta mediterránea es el que se asocia con mejores resultados en salud y menor mortalidad por todas las causas a largo plazo. Este punto, a día de hoy, no es el debate. La dificultad a la que los profesionales de la salud se enfrentan en la práctica clínica no está en elegir la dieta “correcta”, sino en cómo aplicar ese patrón de forma eficaz en cada paciente concreto, especialmente cuando el objetivo es la pérdida de grasa y la mejora de la composición corporal.

La importancia de la clínica y el contexto del paciente

Como nutricionistas, el primer paso de cualquier intervención debe ser siempre la evaluación clínica completa del paciente. Antes de hablar de genética, macronutrientes o estrategias dietéticas, es imprescindible comprender el contexto en el que se encuentra la persona:

  • historia clínica y antecedentes,

  • composición corporal y distribución de la grasa,

  • nivel de actividad física y tipo de ejercicio,

  • patologías asociadas,

  • medicación y suplementación,

  • hábitos alimentarios previos,

  • horarios, entorno laboral y familiar,

  • preferencias, aversiones y cultura alimentaria,

  • capacidad de adherencia.

Este contexto es lo más importante y es donde debe centrarse la intervención. Sin él, cualquier herramienta —incluida la genética— pierde utilidad clínica. No existe una dieta eficaz si no es viable para el paciente que la va a seguir.

Dieta mediterránea como patrón, no una pauta cerrada

Cuando hablamos de dieta mediterránea, no hablamos de una distribución fija de macronutrientes ni de una pauta cerrada. Hablamos de un patrón alimentario flexible, basado en alimentos mayormente de origen vegetal, alta calidad nutricional, que puede adaptarse a múltiples contextos clínicos y objetivos.

Este patrón ha demostrado beneficios consistentes en salud cardiovascular, control metabólico, prevención de enfermedades crónicas y mantenimiento del peso a largo plazo.

Sin embargo, seguir una dieta mediterránea no garantiza una respuesta homogénea en pérdida de grasa. Dos pacientes pueden adherirse correctamente al mismo patrón y obtener resultados muy diferentes. Ahí es donde la personalización cobra valor.

La importancia de la variabilidad individual y la personalización

La nutrigenética aplicada a la pérdida de grasa no nos dice qué alimentos son buenos o malos para adelgazar, ni qué dieta es mejor. Eso no existe a nivel científico. La nutrigenética nos aporta información sobre cómo responde cada persona a distintos enfoques dietéticos dentro de un patrón saludable y por qué puede haber diferencias entre dos personas que, aparentemente, pueden ser muy similares en contexto, pero que no responden o no obtienen los mismos resultados.

La evidencia disponible se centra principalmente en predisposiciones genéticas relacionadas con el balance energético, el apetito y la respuesta a la distribución de macronutrientes, no en dietas con nombre y apellidos ni en promesas rápidas a base de esfuerzos que no generan adherencia.

Un ejemplo bien estudiado es el papel de variantes genéticas implicadas en la regulación del apetito y la ingesta, como las relacionadas con el gen MC4R. Diferentes estudios han mostrado que determinadas variantes se asocian a una mayor ingesta energética, mayor riesgo de ganancia de peso a largo plazo y una respuesta diferente a dietas con distinta proporción de grasas, proteínas o hidratos.

Esta información no sustituye la evaluación clínica, simplemente aporta contexto biológico que puede ayudarnos a afinar la estrategia desde el inicio. La nutrigenética ofrece es una orientación sobre qué enfoque puede ser más adecuado para ese paciente concreto, siempre dentro de un patrón mediterráneo y saludable.

A partir de ahí, el profesional debe adaptar la pauta a los gustos y preferencias del paciente; su estilo de vida y horarios; sus patologías o condiciones médicas; su relación con la comida y su capacidad de adherencia.

Menos ensayo-error, más criterio clínico

Uno de los grandes valores de integrar nutrigenética en la práctica clínica es la posibilidad de reducir el ensayo-error. Cuando un paciente no responde a una pauta, no siempre es por falta de adherencia o motivación. En muchos casos, el enfoque inicial simplemente no era el más adecuado para su biología.

Contar con información genética permite justificar la elección del enfoque dietético, explicar al paciente por qué se ha optado por una estrategia concreta, ajustar expectativas desde el inicio y evita cambios constantes de pauta que generan frustración. Además, facilita una comunicación más educativa y menos normativa, reforzando la relación terapéutica.

La nutrigenética es una herramienta necesaria para precisar

En nutrición clínica, especialmente cuando el objetivo es la pérdida de grasa, la mejor dieta sigue siendo la mediterránea. Pero la mejor estrategia es aquella que se adapta al paciente. La nutrigenética, bien integrada y bien interpretada, no sustituye la clínica. La complementa. Ayuda a personalizar la distribución de macronutrientes, a reducir el ensayo-error y a tomar decisiones con mayor criterio desde la primera consulta. El valor no está en el gen aislado, sino en cómo se integra esa información en el contexto clínico global. Cuando se utiliza con sentido crítico, la genética deja de ser una promesa teórica y se convierte en una herramienta clínica útil, al servicio de una nutrición verdaderamente personalizada.

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Los informes genéticos de N-GENE tienen carácter informativo y preventivo. No constituyen un diagnóstico médico ni sustituyen la valoración clínica individual.

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