Uso de la nutrigenética en la salud metabólica y glucémica del paciente
10/2/26
Laura Pérez Naharro

En consulta, muchos pacientes llegan con la preocupación de, aparentemente, estar haciéndolo “todo bien”, pero el peso no baja, el hambre persiste y la grasa abdominal parece resistente a cualquier estrategia.
La analítica básica, centrada en la glucosa en ayunas, suele devolver resultados aparentemente normales, lo que genera frustración tanto en el paciente como en el profesional. En este contexto, la información nutrigenética relacionada con la liberación de insulina, la retirada de glucosa y la predisposición a resistencia a la insulina puede marcar la diferencia como herramienta para anticipar, afinar la intervención y acortar tiempos en la toma de decisiones clínicas.
Un perfil frecuente en consulta
Paciente de mediana edad, sin patología metabólica diagnosticada, con un IMC dentro de la normalidad o ligeramente elevado. Refiere dificultad para perder peso pese a seguir pautas dietéticas estructuradas, hambre frecuente —especialmente a media mañana y a última hora del día— y una acumulación de grasa claramente central. La exploración revela aumento de grasa visceral, perímetro de cintura elevado para su contexto corporal y, en algunos casos, antecedentes familiares de diabetes tipo 2 o síndrome metabólico.
La analítica básica muestra una glucosa en ayunas dentro de rango. No hay un “dato alarmante” que justifique, a priori, un abordaje más profundo. Sin embargo, el cuadro clínico sugiere que la regulación de la glucosa no es óptima, aunque todavía no se exprese en forma de hiperglucemia.
Es en este punto donde la nutrigenética aporta valor clínico. Especialmente, si conocemos esta información de base.
Qué información aporta la nutrigenética en el perfil glucémico del paciente
Los rasgos nutrigenéticos relacionados con la glucosa nos hablan de una variabilidad en procesos fisiológicos clave: cómo se libera la insulina tras una ingesta, qué eficiencia tiene la captación de glucosa por los tejidos periféricos y cómo responde el organismo a cargas repetidas de hidratos de carbono.
Desde el punto de vista práctico, esta información permite identificar de forma rápida y precisa aquellos perfiles con:
Mayor tendencia a una respuesta insulinémica exagerada.
Menor eficiencia en la retirada de glucosa tras las comidas.
Predisposición a desarrollar resistencia a la insulina en contextos de exceso energético, sedentarismo o estrés metabólico.
Estos rasgos no determinan el resultado final, pero modulan el terreno sobre el que actúan la dieta, el estilo de vida y el paso del tiempo. Y, en algunos casos, ya lo estamos viendo con nuestro paciente.
En el caso descrito, la información genética permite entender por qué una glucosa en ayunas normal no es sinónimo de buena salud metabólica. La alteración inicial en la resistencia a la insulina suele manifestarse primero en el periodo postprandial, no en ayunas.
Este conocimiento cambia el enfoque clínico. En lugar de asumir que “todo está bien” hasta que la glucosa se altere, el profesional puede anticiparse y decidir solicitar una analítica más completa: insulina basal, HOMA-IR, perfil lipídico detallado o incluso marcadores inflamatorios de bajo grado.
La nutrigenética, en este contexto, justifica ampliar la analítica cuando la clínica no encaja con los resultados básicos.
Aplicación práctica en la intervención nutricional
Una vez integrado este perfil, la estrategia nutricional cambia de forma significativa. No se trata de restringir más a ese paciente que ya viene haciendo dietas estrictas, limitando carbohidratos y con un hambre descontrolada. Se trata de regular mejor.
En pacientes con predisposición a una respuesta insulinémica elevada, cobra especial relevancia:
El reparto de macronutrientes
El orden de ingesta de los alimentos
La calidad y el tipo de hidratos de carbono
La presencia suficiente de proteína y fibra en cada comida
Este enfoque explica por qué dietas aparentemente correctas pueden no funcionar en determinados perfiles y por qué pequeños ajustes —más que grandes restricciones— generan mejoras en saciedad, control del apetito y evolución de la grasa visceral.

Hambre persistente y frustración: una señal metabólica, no de falta de adherencia
Uno de los puntos relevantes a tener en cuenta en este tipo de casos clínicos es reencuadrar el hambre. En muchos pacientes con predisposición a resistencia a la insulina, el hambre frecuente no es un problema de voluntad, sino una consecuencia de picos y caídas rápidas de glucosa e insulina.
Conocer la información genética del paciente permite explicar este fenómeno al mismo desde un enfoque fisiológico, reduciendo la culpa y mejorando la adherencia. Desde el punto de vista profesional, facilita diseñar estrategias que prioricen la estabilidad glucémica frente a la simple reducción calórica.
Este cambio de narrativa es especialmente relevante en medicina preventiva y nutrición de precisión, donde el objetivo no es solo perder peso, sino mejorar la salud metabólica a largo plazo.
En algunos pacientes, la información que aporta la nutrigenética también ayuda a contextualizar el uso de determinados suplementos orientados a la regulación de la glucosa y la sensibilidad a la insulina, como apoyo dentro de una estrategia.
El valor está en saber cuándo tiene sentido considerar un apoyo nutricional y cuándo no, evitando tanto el uso indiscriminado como la infrautilización por falta de criterios claros.
Acortar tiempos en consulta: uno de los grandes beneficios
Desde la perspectiva del profesional, uno de los mayores beneficios de integrar esta información es el ahorro de tiempo. En lugar de probar múltiples enfoques durante meses sin una hipótesis clara, la nutrigenética permite:
Identificar antes los perfiles de riesgo
Solicitar analíticas más completas desde el inicio
Ajustar la intervención nutricional con mayor precisión
Evitar frustración tanto en el paciente como en el profesional
En medicina preventiva, donde el objetivo es adelantarse a la patología, este enfoque resulta especialmente valioso. Cuando la información genética se integra con clínica, analítica y contexto de vida, permite intervenir antes de que aparezca una alteración franca, optimizando resultados y mejorando la adherencia del paciente.
Disponer de esta información no cambia solo qué se hace en consulta, sino cuándo y por qué se hace.